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O esa costumbre de encontrar objetos perdidos...

ESTACIÓN RETIRO FERROCARRIL MITRE. Sentado en el hall principal, esperando la salida del próximo tren a Tigre, veo a mi lado un teléfono celular boca abajo que suena insistentemente. Miro alrededor, miles de personas corren absortas de acá para allá. Todos pasan de largo. Nadie se percata del molesto timbre, apenas un ronroneo en el mar de ruidos que envuelve a la estación.

Lo tomo y veo que tiene nuevos mensajes entrantes. No está bloqueado. Momento. Esto ya lo viví, pienso. Claro, hace un año, en la plaza frente a mi departamento encontré casualmente otro móvil abandonado.

Lo vuelvo a dejar en su lugar. Espero unos minutos más. Nadie aparece buscándolo. La pantalla gigante anuncia que mi tren está en el andén 2, listo para partir. Dudo. Me paro lentamente con la mochila al hombro. Empiezo a caminar. No. No puedo dejarlo ahí. ¿Y si es importante? ¿Si puedo serle útil a alguien? Vuelvo sobre mis pasos.

Por suerte consigo asiento y comienzo a husmear. No tiene chip —ni es compatible con el mío—, así que no puedo hacer llamadas. Se ve que los mensajes entrantes habían llegado antes de que se lo sacaran. Laura, su dueña, no era afecta a la seguridad y sin darme cuenta leo todos los mensajes con sus amigos, ex, hermana, pareja y compañeros de trabajo.

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Hay algo en las formas de su novio y de ciertos contactos laborales que no me convence. Algo de posesivo, tanto en las palabras utilizadas, como en las acciones relatadas. No me es difícil intuir un caso de violencia de género. ¿Será doméstica o laboral? ¿O ambas a la vez? No veo otra opción que seguir investigando para llegar al fondo del asunto.

Descubro la contraseña de una Wi-Fi de un puesto de panchos y alcanzo a bajar algunos correos electrónicos. Los intercambios epistolares me proporcionan claves para acceder a sus archivos ocultos. ¿Por qué no poner un bloqueo al teléfono directamente y esconder solo una parte de la información? Continúo leyendo intrigado. Las estaciones pasan y estoy entrando a la terminal, cuando tomo conciencia cabal de los peligros a los que se enfrentó —y enfrenta— la anterior portadora.

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No puedo menos que comprometerme con su causa. Me bajo del tren siguiendo las precisas instrucciones dejadas por Laura para con su celular y después, un poco —nomás, no mucho— más tranquilo, encaro para el puerto de frutos. En el cielo no se ve ninguna nube. Están todas entre nosotros, obnubilando la razón y los sentimientos.

Laura, espero haberte sido de ayuda y que estas líneas, si te las cruzás por casualidad, perdidas en algún sitio remoto de la red, te lleven un poco de tranquilidad. Ojalá que, estés donde estés, te sientas valorada y querida. [i]

DESARROLLADO POR: Accidental Queens
DISTRIBUIDO POR: Plug In Digital
GÉNERO: Simulador de teléfono
PLATAFORMAS: Android, iOS, PC, Mac, Linux

CALIFICACIÓN

73%

QUÉ ONDA: Una historia sobre la violencia machista contada desde un teléfono perdido, que queda a medias.
LO BUENO: Cuidada traducción al castellano. Interfaz intuitiva. Se disfruta mejor en un dispositivo móvil.
LO MALO:
Baja dificultad. Un poco corto y con falta de profundidad. No tiene rejugabilidad.

Fernando CounFernando Coun, alias Shinjikum, actual Secretario de Redacción, es un viejo prócer del fichín que comenzó a colaborar con el equipo original de [IRROMPIBLES] allá por los tiempos de la gloriosa Xtreme PC (en el siglo pasado). Es un gran fan de las aventuras gráficas y los juegos de carreras, y actualmente está traduciendo Sandokan, de Emilio Salgari, por el placer nomás. También lo encuentran en Twitter como @ferCoun.

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