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HABLAR DE UNRAVEL NO ES TAREA FÁCIL. Por un lado, porque estamos frente a un título que carece de palabras. Unravel es un juego acerca de los sentimientos, de las expresiones y de los recuerdos. Las imágenes son su medio de expresión, un idioma mucho más abstracto y universal, porque su tarea es evocar memorias y generar empatía con el jugador. Memorias que por supuesto siempre son personales, diferentes y únicas. Y es imposible ponerle letras a un concepto tan etéreo.
 
Por otro lado, aunque en realidad es parte de lo mismo, Unravel parte de una visión muy íntima. Tal como lo explica su creador Martin Sahlin –el hombre de la voz tartamuda y las manos temblorosas que supo ganarse la simpatía de todo el mundo–, todo surgió de una idea muy singular: ¿qué tal si los lazos que conforman las relaciones fueran lazos reales, físicos, tangibles? Así fue como nació Yarny, un pequeño muñeco de lana cuya tarea es recuperar los recuerdos perdidos y enlazarlos con su rastro de hilo. El simpático personaje fue creado de forma casi esporádica mientras Martin se encontraba de vacaciones con su familia. De hecho, durante esas vacaciones, el creativo pudo desarrollar el concepto del fichín, inspirándose en el paisaje de su tierra natal sueca. Unravel es una creación muy privada, personal y única, lo cual resulta muy difícil realizar cualquier tipo de crítica y comentario sin desligar a la creación de su creador.
 
Por todas estas cosas, hablar de Unravel es una tarea bastante personal, al igual que ésta review, que es un poco más subjetiva que lo normal.
 
 
Unravel nos pone bajo la piel (¿lana?) de Yarny, un adorable personaje que intenta recuperar los recuerdos perdidos de su familia. Estas memorias se ven reflejadas en un álbum fotográfico maltrecho, y que nuestro protagonista intentará restaurar sumergiéndose en diferentes lugares y momentos familiares que fueron protagonistas de situaciones y vivencias.
 
Estos escenarios representan cada uno de los niveles del juego, los cuales explorarmos con Yarny de principio a fin para coleccionar los recuerdos que sucedieron allí. 
 
La primera e inevitable comparación podemos hacer de Unravel, es de su parecido con Limbo y LittleBigPlanet, el cual no es casual ya que estos fichines fueron claras fuentes de inspiración. Unravel es un plataformero en 2D, cuya mecánica principal se desprende de su personaje, Yarny, el cual está hecho de lana y se va desenrollando a medida que avanza por el escenario. Esto desemboca en dos condiciones esenciales. Primero, Yarny va dejando detrás un rastro de hilo, el cual va señalando el camino ya recorrido, y que en caso de necesidad puede usarse como soga para trepar si se quiere volver. Y segundo, la lana es limitada. Parte del desafío es avanzar con cierta atención, cuidando de no pasar dos veces por el mismo sitio de forma innecesaria, ya que el hilo se enreda de más. 
 
Con cada paso, Yarny se va volviendo más delgado, hasta que la lana finalmente se termina de desenrollar. En ese momento no perdemos, sino que no somos capaces de avanzar más, y la única solución es volver hacia atrás y fijarnos dónde derrochamos hilo.
 
A lo largo de los niveles vamos a encontrar checkpoints en forma de bollos de lana. Nuestro objetivo inmediato es llegar a ellos para reponer la reserva corporal de nuestro pequeño héroe.
 
Las demás mecánicas de Unravel consisten en lanzar lazos de lana para interactuar con partes específicas de los escenarios. Podemos colgarnos de partes más altas y balancearnos al mejor estilo Spider-Man, unir dos puntos cercanos formando un puente para usarlo de trampolín, o hacer rapel por alguna zona elevada. 
 
Además, el fichín depende mucho de la utilización de las físicas de los objetos, teniendo la necesidad casi constante de arrastrar algún objeto para hacer de escalera o contrapeso. 
 
 
Los escenarios de Unravel son sencillamente increíbles. Son de los más coloridos, detallados, vistosos y vivos. Sin duda el punto fuerte del título. Varias veces me encontré a mí mismo caminando con Yarny a paso de tortuga para poder disfrutar el mayor tiempo posible del paisaje que me ofrecía el juego.
 
A nivel práctico, es un poco tedioso el hecho de que no se pueda deslizar mínimamente la cámara con el stick derecho. Los niveles son muy amplios, sobre todo verticalmente, y en más de una ocasión me vi envuelto en situaciones donde no sabía de qué forma avanzar porque no veía que había debajo mío al descender, o si pegar un salto hacia adelante confiando que hubiera alguna plataforma. No son pocas las veces que tuve que realizar un salto de fe y cruzar los dedos por que todo saliera bien. 
 
Por otro lado, los niveles están saturados de mini puzzles y momentos que reclaman de nuestra parte alguna destreza, lo cual distrae nuestra atención permanentemente. Unravel provoca una sensación de desafío constante que no da lugar para disfrutar de los paisajes tanto como debería. Hay un claro desequilibrio en los escenarios, y faltan momentos de relajación y distención donde podamos empatizar más con Yarny. A fin de cuentas, de eso se trata el fichín, de la empatía y las emociones.
 
Hay algunos momentos que son claves en el progreso de Unravel: el auto pasando por encima nuestro mientras cruzamos la calle –tal como se ve en el tráiler–, o sin ir más lejos, el principio del primer nivel, por ejemplo. Ese instante en donde Yarny sale por primera vez de la casa y se asoma por la puerta, mirando a su alrededor con recelo. Camina unos pasos y se pone a jugar con unas mariposas como si fuera un niño. Esa breve secuencia, esos primeros diez segundos de juego, son unos de los más poderosos de las 8 horas que dura el fichín. Y esos son justamente los momentos que escasean en Unravel.
 
Entramos así, en el último y más importante aspecto del fichín: su función emotiva. La premisa de Unravel es muy sencilla: coleccionar recuerdos. Es un juego con un tinte muy nostálgico, que trata de los vínculos y de los lazos sentimentales. Y he ahí su principal falencia, ya que las memorias que evoca son un tanto inconexas e imprecisas.
 
Las fotos familiares que componen el álbum que vamos restaurando contienen imágenes de lo más arbitrarias y es difícil entender el por qué están ahí y su significado. Al principio, el álbum parece seguir la historia cotidiana de una familia, pero después aparecen personajes de identidad dudosa y situaciones que nada parecen tener que ver con ella. De hecho, en ningún momento se entiende como está compuesta la familia, ni el lugar que ocupa Yarny para ellos.
 
 
Esto no quiere decir que Unravel no sea emotivo, pero su faceta sentimental es difícil de asimilar. Los vínculos entre las relaciones no son muy claros, y es casi irónico como el juego pretende atar recuerdos que no poseen un hilo conductor. Es imposible empatizar con un personaje poniéndose en su lugar, si no se comprende cuál es su lugar primero.
 
En resumen, Unravel se siente como un buen fichín, que podría haber sido realmente muy bueno. Se nota que tiene mucho potencial pero lamentablemente no fue del todo explotado. 
 
Este tipo de juegos de carácter sentimental en general se mantienen estables por tres patas fundamentales: su lado artístico (gráficos y sonido), su gameplay, y su lado emotivo. Si una falla –dependiendo de cuánto lo haga– las otras dos lo compensan; pero en Unravel la única pata que mantiene su alta calidad y constancia es la primera. 
 
La receta del gameplay contiene los mismos ingredientes todo el tiempo. Atar, trepar y empujar, mezclar bien y repetir hasta el final. La jugabilidad no es mala, rinde para que uno pase el juego, pero le falta. 
 
La historia es el otro punto flojo. No tiene consistencia y confunde en su intento por ser emotivo. Yarny es nuestro único punto de referencia en esta fábula y nunca terminamos de empatizar del todo con él porque escasean los momentos donde se exprese abiertamente. Unravel es un título bastante más opresivo de lo que parece, predominado por niveles oscuros y sombríos, lo que a veces provoca una cierta contradicción en la nostalgia que intenta despertar. 
 
 
Curiosamente, el mayor y mejor vehículo emocional en este fichín es la música, compuesta por melodías folk nórdicas muy hermosas. Los gráficos hacen el resto del trabajo, presentándonos unos escenarios asombrosos y muy cuidados.
 
Unravel no es un juego para todos ni causa el mismo efecto por igual, pero para descubrirlo no hace falta más que probarlo, lo cual recomendamos sin urgencia alguna. Muchos se enamorarán de Yarny y querrán tener al simpático personaje de lana en su mesita de luz; otros, sin embargo, confinarán el fichín a aquel recóndito lugar de la mente que Yarny tanto evita en su aventura: el olvido. [i]
 
  • DESARROLLADO POR: Coldwood Interactive
  • DISTRIBUIDO POR: Electronic Arts
  • GÉNERO: Plataformas
  • PLATAFORMA: Windows, PS4 (Review), XO

CALIFICACIÓN

72%

 
QUÉ ONDA: Un juego de plataformas en 2D que puede ganarse el corazón o el aburrimiento de la gente por igual.
LO BUENO: Visualmente es hermoso. La música y el sonido en general acompañan a la perfección. 
LO MALO: Los puzzles dejan mucho que desear y las mecánicas se terminan haciendo repetitivas. Confunde en su intento por despertar empatía.
 
 

Facundo FernandezFacundo Fernández Lleventon, alias Cufa, es Secretario de Redacción de [IRROMPIBLES], game designer, fotógrafo, escritor y filósofo del fichín. Peleado con la PC desde la niñez, es un hereje que defiende a las consolas como plataformas preferidas. Su saga preferida es Metal Gear y se esconde de las redes sociales tan bien como Snake.

 
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