como conoci irrompibles por Jorge Maurizio 

Preludio

Transitando Florida, camino al trabajo, algo llamó mi atención. Una revista en una parada de diarios, de las tantas que hay en medio de esa emblemática peatonal. En su tapa se encontraba el misterioso protagonista de Skyrim, o al menos la versión sin personalizar que se mostraba en los avances del juego. Detengo mi paso y por un segundo me planteo comprarla, pero desisto al pensar: “¿Qué puede llegar a decir que ya no haya leído en Meristation?”

Nubes negras

Recibía una noticia, de esas que nadie debería recibir. Ese tipo de mensaje que con solo escucharlo te hace doler el corazón y te nubla la vista. De esas que hacen que tus piernas te abandonen y caigas de rodillas, preguntándote por qué, pero nadie te da una respuesta, solo palabras de aliento.

Mi hijo, de tan solo 5 meses de gestación, iba a necesitar una o tal vez dos intervenciones quirúrgicas al nacer.

Los videojuegos me habían preparado para luchar contra zombies, para volver en el tiempo y sobrevivir a la Primera y a la Segunda Guerra Mundial, para defender a la Tierra de una invasión extraterrestre, para comandar legiones de orcos, para tantas cosas, pero no para ésto.

La tormenta

Un día antes de su nacimiento, las palabras del jefe de neonatología intentaban prepararnos para lo que se avecinaba: “Prepárense... les espera un mes de mierda por delante”. Poco ortodoxo tal vez, pero no podía estar más en lo cierto.

Mi mujer ya había pasado por la cesárea. La operación de mi hijo había sido un éxito, pero debían realizar una segunda, aunque más simple. Un mero procedimiento según el cirujano, aunque entre la primera y segunda tuve que vivir una corrida de doctores digna de Dr. House, solamente que esta vez a mi me tocaba ser el actor de reparto desesperado que no se dignaba a dejar sólo a su hijo en terapia intensiva mientras todas las alarmas de los censores conectados a él sonaban aterradoramente.

Ahora era esperar, esperar mucho y como odio esperar. Había que darle tiempo a que recuperara sus fuerzas y ver como evolucionaba su organismo.

Mi mujer intentaba distraerse mirando la televisión de la habitación, teniendo total exclusividad del control remoto, ¿cómo negarle ese derecho en esta situación? Yo, mientras tanto, intentaba no perder mi cordura, o la poca que me quedaba. Trataba de borrar de mi mente el soundtrack de terapia intensiva. Estaba formado por tan solo dos instrumentos, bebes llorando, al mejor estilo Max Payne, en esos escenarios donde caminábamos por las delgadas líneas rojas, y los sonidos de todos los aparatos y censores conectados a los infantes, que resonaban como decenas de personas jugando al Simon a la vez.

Preguntas existenciales hostigaban mi cabeza: ¿Por qué vendí mi PSP? ¿Por qué mi celular no tiene señal en este maldito lugar? Uno es gamer en las buenas y en las malas, y sobre todo cuando se intenta escapar de la realidad y de la percepción del tiempo.

Un cáliz

Mi mujer me enviaba a comprarle alguna que otra revista para entretenerse. Escrutinios de chimentos y farándula que a mí nunca me interesaron. Luego de adquirir con cierta vergüenza lo encomendado vuelvo a ver la misma revista que aquel día. Esta vez en su portada Connor Kenway, el nuevo protagonista de la saga Assassin's Creed. En esta ocasión sucumbo y la compro.

De vuelta en la habitación, me dispongo a leerla. “¿La E3? ¡Pero eso fue hace un siglo!” Ya estaba terminando Julio para ese entonces, y casi dos meses es mucho tiempo en la vida de un Gamer. “Me re cagaron... ya fue... lo leo igual”.

El texto me atrapó de inmediato. Lograba estar ahí presente. La crónica de esta increíble exposición pero desde los ojos de un argento, de un gamer. No de un periodista que no le quedó otra que ir a cubrir algo para niños y no tan niños un tanto inmaduros. Un gamer, un adicto a los fichines como yo.

Continuaba con mi lectura. “¿Entraron a las oficinas de Blizzard? ¡¡¡Ese es mi sueño!!!” Esta pequeña revista cada vez me gustaba más. “¿Novelas? ¿Documentales? ¡Hey! Yo sé todo sobre videojuegos, ¿por qué nadie me contó de esto?”. Comenzaba a ser testigo de mi ignorancia ante la verdadera movida gamer de la cual me estaba quedando afuera.

“¡¡Nooo!! Qué linda chica... Qué buenos tattoos... ¿Qué? Nada mi amor... es un revista de jueguitos... a vos no te gustan estas cosas... o sino te la prestaba”. Mientras señalaba la tapa con el asesino con una hacha en la mano.

“¡¡NOOOO!! ¿Sale con un pibe que no es gamer? ¡¡Todas las mujeres son iguales!! ¡¡¡Qué injusticia!!!” Cada vez mi inmersión en las páginas era mayor aun cuando una vocecita en mi cabeza me volvía a la realidad: “Te casaste, ¿no te acordás?” “¡¡Ahh... cierto!!”, me contestaba a mí mismo.

Colorín Colorado

Un año y un mes después sigo con mis dos nuevos amores: mi hijo Juan y mi revista [i].

Así conocí a [i] y a su hermosa comunidad.

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